Es lógico que una buena racha de días sin accidentes pueda envalentonar a algún directivo distraído y lo seduzca a ir por más. Pero cuidado, dicen que la ambición es el último refugio del fracaso! Aspirar a una organización de cero accidentes es un propósito loable. Pero del cero accidentes –que también lo podemos debatir- al cero desvíos, hay un largo y peligroso trecho conceptual. El cero desvíos no sólo es una ilusión, sino que encubre una filosofía terriblemente perversa para la gestión de HSE. El desvío es el insumo principal de la gestión, es cómo el síntoma para el médico o el “ruidito” para el mecánico. Si un directivo nos dice que en su organización no hay desvíos, sin lugar a dudas tiene un problema o varios: desconocimiento de lo que ocurre en terreno, carencia de humildad, ingenuidad absoluta y una pobre cultura de desprecio por los datos. Por el contrario, las organizaciones más seguras no sólo asumen los desvíos y anomalías de HSE, sino que además están todo el tiempo buscando la forma de amigarse con ellos, sacarlos a la luz… y cuánto más sutiles mejor. Aunque parezca contra intuitivo, son las que mayor volumen de desvíos manejan, y en esa incesante búsqueda radica su principal virtud, su alerta permanente, su sentido de vulnerabilidad y su capacidad de gestión. En resumen: ojo con los espejitos de colores, las organizaciones perfectas no existen pero las organizaciones silenciosas sí, y el CERO DESVÍOS o este tipo de slogans baratos lo único que hacen es promover el silencio organizacional. Así que Robin no te emociones, hazle caso a Batman y pon los pies en la tierra. ¡El resto es cotillón!
La trampa del cero desvíos en la gestión de HSE

