(Por Julio C. Migliore / Presidente del Grupo CeTAP)
El riesgo suele habitar en zonas de cascos, botas y mamelucos.
Pero el riesgo más jodido —el que puede derivar en un evento mayor— muchas veces nace lejos del campo: en una oficina con planillas, contratos y organigramas.
Puesto que, mientras Operaciones “hace”, otras áreas deciden “con qué” se puede hacer (y con qué no):
– Compras define si el repuesto llega o no llega.
– RR.HH. define si el rol crítico está cubierto… o vacante tres meses “porque no hay headcount”.
– Finanzas define si la integridad es prioridad… o variable de ajuste.
– Legales define si se aprende… o si se congela todo por miedo.
– IT define si el sistema que sostiene permisos y mantenimiento es robusto… o se cae en el peor momento.
Y acá me permito acuñar un concepto que me viene dando vueltas:
Contribuyentes en las Sombras.
Decisores de áreas de soporte que no “parecen de safety”… hasta que el diario del lunes te pasa factura.
Estos Shadow Contributors (que así en gringo suenan al villano del comic) no son mala gente, sólo el reflejo de un sistema poco o nada integrado.
Propiedades de estos personajes:
1. No intencionalidad: rara vez “quieren” aumentar el riesgo.
2. Latencia temporal: el efecto aparece semanas / meses / años después.
3. Asimetría de accountability: el resultado (incidente) “le cae” a Operaciones / HSE.
4. Optimización local: mejoran su KPI (ahorro, plazo, compliance legal) aunque empeoren la salud de barreras.
El problema no es que las áreas de soporte “se metan” en seguridad.
El problema es que ya se meten (todo el tiempo)… pero sin verlo, ¿quizás sin saberlo?, y por supuesto sin medirlo.
Acá entra la famosa gobernanza. O la falta de…
De hecho, varias fuentes serias (no yo) vienen hablando de esto hace años: el HSE de UK insiste en el impacto del cambio organizacional sobre el control de los riesgos (reducción de dotaciones, tercerización de funciones críticas, fusiones de áreas o cambios de roles, etc.); la OCDE habla de la responsabilidad del Directorio en seguridad de procesos; el Energy Institute lo baja a un marco de Safety Management integral; y IOGP propone mirar la salud del sistema con leading indicators organizacionales, no solo con semáforos para el bono.
La paradoja: las decisiones más influyentes sobre el riesgo de accidentes se toman fuera de Operaciones.
Presupuesto, contratación, especificaciones, rediseños organizacionales, incentivos, capacitación, criterios legales, acuerdos con contratistas, sistemas digitales…
Y ahí, HSE muchas veces no tiene voto. O llega tarde.
Pero termina citado a dar explicaciones.
Ahora, la pregunta retórica que me haría es:
¿Cuántos riesgos mayores están hoy sembrados en decisiones que se toman lejos del campo?
¿Y cuántas de esas decisiones están siendo revisadas con la misma rigurosidad con la que se revisan los IPER, los Permisos y los culpables de siempre?
Si suena exagerado, Ok, la sombras suelen verse exageradas…
… hasta que te apagan la luz.

